Sin azúcar, pero con edulcorante: cómo leer de verdad una etiqueta

Vas al supermercado, agarras un producto que dice "natural", "fit", "sin azúcar", y lo pones en el carrito con la conciencia tranquila. Después, en la casa, le das la vuelta al empaque y aparece una lista de doce ingredientes que no reconoces.

Eso pasa todo el tiempo, y no es tu culpa. El frente del empaque es publicidad. El reverso es información. Esta guía es para que puedas leer el reverso en treinta segundos, sin ser nutricionista.

El patrón: siempre hay un pero

Si te fijas, el mercado de "lo saludable" funciona casi siempre igual:

  • Si no tiene azúcar, tiene edulcorantes.
  • Si no tiene edulcorantes, tiene lácteos o proteína añadida.
  • Si no tiene lácteos, tiene aceites vegetales para abaratar la textura.
  • Si no tiene aceites, tiene colorantes, saborizantes o estabilizantes.

Casi ningún producto es simplemente comida. Casi todos son una fórmula que quita algo y compensa con otra cosa. Y esa otra cosa casi nunca aparece en el frente.

Los cinco puntos que hay que mirar

1. Cuenta los ingredientes

Es la prueba más rápida que existe. Si una crema de nueces tiene siete ingredientes, seis sobran. Un alimento real se describe en pocas palabras: marañón. Dátiles, almendras y cacao. Miel.

Los ingredientes van ordenados de mayor a menor cantidad. Si el azúcar aparece de segundo, ya sabes de qué está hecho el producto.

2. El azúcar tiene muchos nombres

"Sin azúcar añadida" y "sin azúcar" no son lo mismo, y ninguno de los dos impide que aparezca en otra forma. Busca también: jarabe de glucósa, jarabe de maíz, dextrosa, maltodextrina, fructosa, jugo de caña evaporado, panela en polvo, concentrado de fruta.

Ojo con esta última: mucho producto "endulzado solo con fruta" usa concentrados que en la práctica funcionan como azúcar.

3. Los edulcorantes tampoco son neutros

Sucralosa, acesulfame K, aspartame, estevia refinada, maltitol, sorbitol, eritritol. Aportan cero calorías y por eso el frente del empaque los celebra. Pero mantienen el paladar acostumbrado a un nivel de dulzor muy alto, que es justamente lo que hace difícil disfrutar la comida real. Algunos, además, caen pesados.

El punto no es que sean veneno. Es que un producto que necesita edulcorante para saber bien no está hecho de algo que ya sepa bien.

4. Los sellos de exceso

La ley colombiana de etiquetado frontal obliga a poner un sello octagonal negro cuando un producto tiene exceso de azúcares, exceso de sodio o exceso de grasas saturadas. Es la única parte del frente del empaque que no escribió el departamento de mercadeo.

Un producto libre de sellos no es automáticamente bueno, pero un producto con sellos ya te dijo todo lo que necesitabas saber.

5. Las calorías no lo son todo

Este es el que más cuesta soltar. Un chicle tiene cero calorías y no le aporta absolutamente nada a tu cuerpo. Un puñado de nueces tiene calorías de verdad, y además te da grasas buenas, proteína, minerales y saciedad de la que dura.

Contar calorías sin mirar de dónde vienen es como juzgar un libro por el número de páginas. La pregunta no es cuánto aporta en calorías, sino qué aporta.

Lo que ves, es lo que comes

En Castañuela decidimos hace diez años no jugar ese juego. Nuestros ingredientes van al frente del empaque, no atrás, porque no hay nada que esconder: sin azúcar añadida, sin edulcorantes, sin colorantes, sin lácteos, sin grasas añadidas, sin químicos y libres de sellos de exceso.

No somos una marca fitness. Somos una marca para el que quiere comer rico y real todos los días, sin culpas, sin trampas y sin peros.

Mira nuestras cremas de nueces y nuestras barras de dátiles, y —en serio— dale la vuelta al empaque. Es exactamente lo que dice el frente.

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